sábado, 17 de enero de 2009


Huyendo de ti y de la aurora, escapaste buscando en mil bares el abracadabra que detiene el tiempo, pero regresaste y te encontraste a ti mismo esperándote en casa.
Y el alba sincericida trajo su rutina y su ancla.
El amor es la piedra que Sísifo empuja, el mundo el cascabel de un gato asustado.
Nadie nos avisó que amar es doler, que crecer es aprender que para regresar, y para casi todo, es tarde, y aquello que no fue es nuestro más leal amante.
Así que brindemos ahora viejo amigo: que acabe este otoño y resuelva el misterio del eclipse en tu pecho, que aún no nos rendimos.
De la noche aprendimos viejos sortilegios que ayudan a conjurar al reloj y sus espectros.
Sísifo abandona hoy su piedra en la cima y el gato se duerme esta noche en tus brazos.
Quizás tengan razón y amar es doler pero ¿quién diablos quiere regresar? si lo que cuenta es aprender que no está perdido aquello que no fue, que no está perdido aquello que no fue.

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